El hombre tiene emociones incontrolables que probablemente le causarán hacer cosas aterradoras. Estas emociones nos empujan a tener malas decisiones que nos impiden acercarnos a Dios y por eso perdemos muchas bendiciones. Dios quiere sanarnos de eso.

I. estar ante Dios

El hijo de Dios debe estar ante su padre con toda dificultad porque sabe que es capaz de darle una respuesta real. A veces nuestras emociones nos engañan porque no captamos las cosas espirituales. José fue vendido como esclavo por sus hermanos, sin embargo no tenía rencor contra ellos y no se dejó dirigir por sus emociones porque había tomado su estado espiritual (celos, envidia, enojo…). Debemos ser capaces de ver el trasfondo espiritual de los que nos rodean, sabiendo que sin Jesús los hombres permanecen sin fuerza para hacer el bien. Tenemos que mirar las cosas con el ojo espiritual con el fin de evitar el mal juicio y el riesgo de vivir con heridas ocultas.

II. obtener la fuerza que incluso excede nuestras heridas sentimentales

Dios quiere darnos el poder espiritual que nos permitirá vencer nuestras dificultades. Es la gracia que debemos recibir continuamente a través de la adoración, con el fin de ser verdaderamente sanados. Pablo oró por su enfermedad y, aunque no fue sanado, recibió el poder de Dios para evangelizar el mundo. Esta enfermedad ya no era un problema para él. La paz de Dios protege nuestras almas y nuestros pensamientos.

III. estar contento con el Evangelio

Somos hijos de Dios, así que poseemos todas las cosas y todos nuestros problemas se resuelven en Jesucristo. Esta única verdad debe permitirnos regocijarnos en todo momento, porque la alegría de un verdadero discípulo no depende de lo que posea o no, sino del Evangelio. La verdadera regocijo proviene de nuestra comprensión de «quién es Cristo» y por lo tanto no nos influenciará ni molestará nuestro séquito.

Conclusión:

Tan pronto como nos demos cuenta de que poseemos el poder espiritual que nos permite vencer nuestras dificultades, podemos comprender el plan de Dios en cada situación. Ante los grandes problemas, Dios tiene un gran plan y su poder nos hace triunfar.

   

   

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